lunes, 27 de septiembre de 2010

Reseña de la presentación de las Jornadas en Córdoba

Fuimos invitadas por Sonia Mankoff, el pasado miércoles 15 de septiembre, a presentar, junto con otras dos colegas, aquellos puntos de elaboración a los que cada una había arribado respecto de la temática “Amor, deseo y goce: qué circula entre los sexos”. Temática que permitió situar -desde Córdoba- la discusión ya abierta cuyo horizonte es el de las próximas Jornadas Nacionales de la EOL. Tres trabajos entonces, tres perspectivas que intentaron decir algo de las condiciones actuales del goce y el amor.
En primer lugar, Florencia Quiroga ubicó lo que llamó las primeras elaboraciones provocadas de un cartel que lleva por nombre “Estatutos del amor en la enseñanza de Lacan”, a partir de su rasgo: El amor y su relación al Otro Goce. Desde Freud, con sus “Contribuciones a la Psicología del amor”, pasando por Lacan en “La significación del falo”, el trabajo de Florencia puso el acento en los embrollos amorosos desde la dialéctica fálica, considerando la forma distintiva en las que se juega el complejo de castración, como aquel que reparte los modos de goce, para el varón y para la mujer, localizando para cada uno además, una manera, un estilo singular en el amor: fetichista y erotómano respectivamente. Las preguntas ¿Qué sucede con el goce? ¿Por qué vías se satisface? le permitieron -a su vez-  ubicar con Lacan, que éste es siempre autoerótico, Uno. El trabajo concluye con una reflexión en relación a las mujeres y el amor en el Siglo XXI, en la época de la inexistencia del Otro, ubicando el provenir del Psicoanálisis en la apuesta al lazo, “como modos de inventar un amor posible en el encuentro con el Otro”.
Por su parte, Claudia Lijtinstens desplegó un argumento exhaustivo de la época, en relación al régimen del Uno. Se trata –dice- de una época donde no hay la existencia del Uno que haga excepción, una época del “sin excepción”, del “terrorismo del objeto a”. Una época en la que, contando además con el discurso de la ciencia, los semblantes se presentan transitorios, efímeros. Junto con los ideales y las creencias, se produce inevitablemente la caída de los semblantes fálicos, que localizan y circunscriben el  goce; una época del falo en “bancarrota”, que introduce lo ilimitado en el todo. De este modo, la función fálica –nos hace saber- se transforma en “función de flujo”, una función lábil, no cuantificable, que indica mayores o menores variaciones. Un goce fluctuante a la manera de un  zapping, donde el cuerpo sólo está comandado por la consistencia de los sentidos, desanudado de los afectos. Para finalizar, Claudia nos acerca como ejemplo la película “Shortbus”, de John Cameron Mitchell, para pensar los modos plurales que toma este exceso a nivel del goce.
Por último, orientada por el espíritu del argumento de las Jornadas Nacionales, intenté tomar el sesgo de la interrogación clínica, para situar las nuevas figuras de la frustración de nuestro tiempo. Entre ellas, por ejemplo: la demanda creciente por parte de mujeres propias del siglo XXI, solas, abocadas de una manera exitosa a lo laboral, “frustradas” en el campo del amor, aduciendo la falta de una realización personal. Para muchas, internet se ha vuelto la herramienta de relación por excelencia, allí obtendrán lazos lábiles pero a su vez  palabras de amor, preservando -al modo del amor cortés de nuestro tiempo- que nada del sexo venga a desarreglar lo que procuran esas “cartas de Almor”. Hoy, el nuevo imperio de lo Imaginario frente al ocaso del orden simbólico, “deja estancada la función  de la castración”. Este panorama de estancamiento en la dialéctica de la castración es solidario con un lugar creciente de otra dialéctica, la de la frustración, en una época en la que el derecho a gozar instala también el perjuicio concomitante. Tal como leemos en el Seminario 4, “la noción que tenemos de frustración -dice Lacan- es la de un daño, una lesión, un perjuicio. La frustración es por su esencia el dominio de la reivindicación. Algo que se desea y no se tiene, y que se desea sin referencia alguna a la posibilidad de satisfacción.  La frustración es el dominio de las exigencias desenfrenadas y sin ley”. Cabe preguntarse si el régimen actual del no-todo en la experiencia del amor para las mujeres, cuya vía puede ser la del estrago por ejemplo, puede relacionarse con este carácter de “sin ley” que señala  Lacan- a propósito de la frustración y la demanda feroz que representa.




Gisela Smania

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